El mundo sumergido – James G. Ballard (1962)

Sinopsis: Mares, pantanos y lagunas cubren la mayor parte de la Tierra. El aumento de la temperatura ha propiciado un clima tropical, de manera que la flora y la fauna proliferan de forma extraordinaria y el mundo parece volver al triásico. Los pocos humanos deben desplazarse en embarcaciones y sobrevivir con los escasos restos de civilización que pueden encontrar en los pisos más altos de los rascacielos ahora sumergidos. Viven continuamente amenazados por animales, insectos y enfermedades, que ahora son difíciles de combatir. En este mundo, Kerans intenta sobrevivir, aunque muchas veces parece más el aliado que el enemigo de una naturaleza que intenta eliminar al hombre. Sin embargo, más allá de la aventura, el desarrollo psicológico de los personajes encuentra su reflejo en imágenes maravillosas y sorprendentes, pues la lucha se plantea también dentro de cada persona y entre ellas, porque el infortunio común no es obstáculo para seguir con envidias, rivalidades y egoísmos.

Título: El mundo sumergido (The Drowned World)
Autor: J. G. Ballard
Editorial: Minotauro
Páginas: 224 
Año: 2008 (Del original: 1962)
Género: Ciencia Ficción - Postapocalíptico
Traducción: Francisco Abelenda
Calificación:

Puntuación: 3 de 5.

Ballard es un autor bastante particular. Sus novelas no son solo una sucesión de eventos más o menos catastróficos y aventuras o experiencias de los protagonistas; en sus libros se explora un mundo interior en cada personaje intentando desarrollar y explotar el concepto de degradación o evolución personal hacia un estado más o menos diferente de lo que la humanidad supone. En la sinopsis de este libro se hace referencia efectivamente a este hecho y personalmente pensaba que esta transformación interior del personaje principal iba a ser más acertada, o al menos más evidente en la mejor tradición de la New Wave a la que se adscribe el autor. Craso error.

La idea inicial es el calentamiento del planeta debido a una catástrofe solar, la cual ha provocado el aumento del nivel del mar de manera notable lo que conlleva por una parte que la mayoría del planeta se haya anegado y por otra que la habitabilidad se reduzca a la latitudes cercanas a los polos dadas las altísimas temperaturas que sufre el resto de la Tierra. Este escenario postapocalíptico se desarrolla en los primeros compases de la novela mostrando una expedición a la ciudad de Londres que está estudiando los efectos que el calentamiento está provocando en el mundo a la vez que busca alguna esperanza de volver a habitar dichas latitudes. Pronto dicha presentación deja paso al desarrollo natural de la historia, punto en el que la historia pierde fuelle de forma notable ya que cuando se inicia la paulatina transformación interior del protagonista viendo el mundo que le rodea desde un ángulo más primitivo y menos racional, las sensaciones que transmiten no son las óptimas.

Ballard no busca desarrollar este mundo poblado con iguanas y caimanes gigantes, selvas jurásicas y una vegetación exuberante que cubre los pocos rascacielos que sobresalen por encima del nivel del agua. El autor pronto explora las sensaciones que en nuestro protagonista, y en menor medida en otros personajes, van despertándose poco a poco según pasan tiempo en este complicado paisaje. Una propuesta valiente que quiere mostrar una transformación interior hacia un estado más primitivo del ser humano jugando con un concepto curioso como es el de la memoria racial o genética, un recuerdo innato presente en lo más profundo de nuestra mente y nuestros genes procedente de la época de nuestros primeros ancestros. El problema es que el autor lo hace desde una perspectiva y un estilo que no he terminado de apreciar; un cúmulo de evocaciones, descripciones paisajísticas y mentales además de un desarrollo de personajes hacia una locura subconsciente, una desidia progresiva y un abandono personal que se hace desde un estilo elaborado y barroco, en ocasiones demasiado insistente pero al que he visto falto de la profundidad necesaria para hacer mella en el lector.

A mitad de recorrido entra en juego un personaje y sus seguidores que lleva a la novela a una carrera loca en un curioso juego de bandas y que lleva al lector a la misma locura por encontrar el sentido de dicha trama. Es un esperpéntico personaje que trastoca la vida diaria de los protagonistas dedicándose a saquear los diferentes tesoros y obras de arte que quedan sumergidos en los diferentes edificios de la ciudad, actos que nos dejan sin saber muy bien los motivos que le incitan a ello. Entiendo que Ballard quiere incorporar aquí otro tipo de locura que mueve a algunas personas a realizar actos difusos e incoherentes buscando otra realidad de la naturaleza humana. Esta parte del libro es la que menos me ha gustado sin duda y la que creo que menos aporta a la historia.

Es realmente una novela que toca muchísimos conceptos interesantes: la transformación interior, lo efímero que puede ser la existencia humana en la historia del planeta, el salvajismo prehistórico… y con un bello pasaje final. El éxodo hacia el sur de nuestro protagonista está rodeado de todas las sensaciones que debían aparecer en el libro y que se limitan a las páginas finales. Un viaje por un mundo salvaje y mortal con una belleza que he echado de menos durante toda la narración. Por desgracia es un último capítulo breve que no cambia las sensaciones generales.

Por lo que he podido leer es una de las primeras novelas que se atreve a explorar esta rama de la ciencia ficción, testigo que progresivamente fueron recogiendo otros autores inmersos en esta nueva ola que experimentaba nuevas ideas en la ciencia ficción por lo que no hay que restarle la importancia que posee, pero literariamente creo que no termina de funcionar todo lo bien que debiera. Además la obsoleta e irregular traducción que tiene no termina de ayudar (esa embarcación fuera de borda…) Quizás una novela importante a la hora de valorar el nacimiento de la New Wave pero creo que el autor tiene otras obras más recomendables y más disfrutables. En cualquier caso Ballard es Ballard, no es un autor fácil pero seguramente sea bastante recomendable.

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